• Claudia Leno

Cambiando Lima por Máncora

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Mamá e Hijos en Máncora

Con la intención de que ustedes, mis queridos lectores, entiendan qué fue lo que nos llevó -a mi esposo y a mi- a tomar la decisión de llevar a nuestra familia de Lima a Máncora, les contaré algunos detalles de mi vida antes de mudarnos, por ejemplo, que durante doce años crecí profesionalmente como independiente, manejando mis tiempos y horarios, haciendo desde casa la mayor cantidad de trabajo y encontrando cierto balance entre lo personal y lo laboral. Esa flexibilidad me permitía estar muy presente en la vida de mis hijos. Hacía viajes cortos, dictaba capacitaciones, asistía a conferencias, cursos y talleres, era conocida en mi sector, pero llegó un punto en el que nada de eso era suficiente, quería cambiar, redescubrirme, quería hacer algo diferente, salir de mi zona de confort. Como parte de mi búsqueda, acepté un trabajo en una empresa peruana ocupando un puesto en horario de oficina que además quedaba lejísimos de mi casa.


Esa última experiencia laboral fue un punto de quiebre, la gota que rebalsó el vaso. Poco a poco me empecé a cuestionar algunos aspectos de mi vida. Comenzar al amanecer, manejar casi noventa minutos, hacer trabajo de oficina por muchas horas, y para regresar manejar una hora y media mas, llegar a casa de noche con el cansancio y el cargo de conciencia -por la poca presencia en casa para los momentos importantes- a cuestas, de mal humor y sin energía para entregarle a mi familia, sólo para dormir y volver a empezar. Andar maquillada y entacada, eso si, con buena plata en el bolsillo para gastar tanto como quisiera en carteras y restaurantes... eso es vida!


Esa fue, en términos generales, la coyuntura que finalmente decantó en una evaluación profunda de mi vida tal como estaba. Mi esposo en paralelo, pasaba por su propio proceso de cuestionamiento, abrumado -como yo- con ese estilo de vida, así que allí estábamos los dos, listos para soñar con más tranquilidad y sencillez en nuestro día, donde el tiempo para disfrutar no se limite a los fines de semana, donde las obligaciones no sean siempre lo mas importante y donde las actividades sociales no sean, más que nada, compromisos.


Por primera vez en muchos años tomé en serio la opción -que en tantas conversaciones entre mi esposo y yo, había aparecido a lo largo de nuestra relación- de salir de la ciudad de Lima y mudarnos al norte, decidirnos a vivir una vida tranquila, lejos del ruido y caos de la ciudad que en ese momento me tenían saturada, lejos de los altos edificios y la agresividad de las combis que están por todos lados, lejos del temor a que te roben en cada esquina, lejos de ese consumismo extremo que nos lleva -a grandes y a chicos casi por igual- a comprar de todo compulsivamente desde zapatos hasta figuritas del mundial. Antes, mi esposo y yo nos distanciábamos de la alternativa de salir de Lima por no enfrentar la ansiedad que nos genera -a todos- lo que no es conocido, por no lidiar con preguntas impertinentes u opiniones negativas, por la idea de que al salir de la ciudad le cerrabamos puertas a nuestros hijos, cuando en realidad les estamos abriendo un mundo nuevo, más amigable, en el que está permitido vivir tranquilamente, les enseñamos que no es necesario pertenecer al molde en el que la gran ciudad nos hace encajar, al principio sin darnos cuenta y luego, cuando estamos hartos, creyendo que ya es muy difícil cambiar.


Ahora miro hacia atrás y me da la impresión que nos demoramos mucho en tomar la decisión, pocas veces -por no decir nunca- me he sentido con tanta libertad como en esta nueva etapa. Hubiera sido lindo que mis hijos llegaran aquí mas pequeños, para que descubran rodeados de la naturaleza, lo que sólo en la primera infancia se descubre y se aprende. Hemos vivido por años dejándonos llevar por el estrés, la competencia y la ansiedad, pudiendo disfrutar esta vida, que definitivamente no es para todo el mundo, pero sí que lo es para nosotros.


Nadie sabe lo que le depara el futuro, ni que rumbo tomará la vida, pero lo que yo sí tengo seguro es que, con la experiencia de vivir en Máncora, lo que venga lo recibiré de manera diferente. Los invito -sin necesidad de mudarse- a poner en perspectiva lo que tienen a su alrededor, a cuestionarse buscando lo que realmente los motiva desde adentro, a preguntarse que es lo que los haría vivir más felices, a responder esas preguntas que cada cierto tiempo aparecen pero siguen sin responderse, los invito a soñar con regalarse a ustedes mismos significado en sus vidas.


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