• Claudia Leno

El ego desde el coaching



Todos tenemos un concepto de lo que es el ego y de las consecuencias que puede traer a nuestras vidas dejarnos llevar de manera ciega por él.

Al ego lo relacionamos con la soberbia, la vanidad, la competencia desmesurada, el estar permanentemente a la defensiva.


El ego siempre está alerta a la primera oportunidad para contraatacar, para dejar nuestra opinión siempre en claro, como si valiera más que las de los demás.

Y es que el ego funciona cuando nos relacionamos con los demás, es ahí que encuentra el cultivo necesario para desbordarse, porque el ego pretende demostrar lo que sea necesario en el momento -logros, títulos, poder- para resaltar, para confirmar en nosotros mismos que somos mejores en tal o cual aspecto.


Hagámonos unas cuantas preguntas para ver cómo andamos en relación con nuestro ego:

¿Tengo respuesta para todo, aunque no me hayan preguntado directamente a mí?

¿Aunque no tenga particular conocimiento sobre ciertos temas, opino sobre ellos?

¿Mis frases normalmente empiezan con Yo? Por que yo, cuando yo, es que yo, desde que yo.

¿Creo tener siempre la razón y tengo una actitud de confrontación con quien no piense igual, atacando las posiciones de los otros?

¿Tiendo a juzgar como menos inteligentes, cultos, aptos a quienes no piensan como yo?

¿Me ofendo cuando me contradicen o me demuestran que estoy en un error?

¿No escucho, no pido perdón, no sigo indicaciones?


Tener el ego a tope es perjudicial porque nos hace sentir cuasi perfectos, poco menos que inmejorables, casi casi divinos, y de esta manera será difícil que logremos crecer, mejorar, aprender.

Tener el ego a tope nos impide tomar decisiones imparciales, nos hace sentir heridos con facilidad, nos hace creer que todos nos ofenden.


Para que el ego deje de ser quien controla nuestra vida, debemos de minimizar nuestro ímpetu por competir para ganar, reducir al máximo esa costumbre de querer tener la razón todo el tiempo, tenemos que liberarnos de las ganas de sentirnos más que los demás, dejando de compararnos, buscando ser mejores que el resto.


El ego es insaciable, es una barrera que nos impide liderar adecuadamente, nos obstaculiza la conexión con los demás, nos aleja de crear relaciones de confianza, nos sumerge en la soledad, por que -valgan verdades- nadie quiere a su lado una persona con un enorme ego que dificulte el brillo de quienes están a su alrededor.

El ego nos impide escuchar a otros, sólo escucha la propia voz, con la intención de encontrar reconocimiento afuera.


Si quieres mantener a raya tu ego, será necesario que tomes en cuenta los siguientes puntos:

  1. Modera tus ganas de tener la razón

  2. Reduce tus ganas de llamar la atención.

  3. No te ofusques con la crítica, busca crecer a partir de ella.

  4. No hay problema con equivocarse, muchas cosas buenas pueden salir a partir de ello.

  5. Tolero el cambio sin ofuscarme ni resistirme, aunque sea diferente de lo que yo deseo.

  6. No estoy a la caza del poder por el poder.

  7. Acepto las opiniones diferentes, puedo adaptar mi forma de pensar si escucho argumentos válidos.

  8. No siento la necesidad de impresionar o controlar a las personas o situaciones a mi alrededor.

Entonces, para mantener al ego a raya, comencemos por dejar de tomarnos todo de manera personal, démonos cuenta que no todo lo que sucede a nuestro alrededor obedece a una intención de perjudicarnos, de hacernos sentir o quedar mal, o de quitarnos autoridad.


El ego nos vuelve inseguros, nos hace creer que es necesario ser admirado por los demás, cuando lo único importante es aceptarnos nosotros mismos y nadie más.

Aléjate de la trampa del ego, vuelve a tu centro, busca la paz.





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