• Claudia Leno

El peso de la culpa




Existe en muchas personas una tendencia a sentir culpa, y no necesariamente por haber cometido una falta, a veces aparece hasta por resaltar entre un grupo, por conseguir un logro o por rechazar una cierta posición; sentirnos culpables se vuelve una necesidad, generándonos una dinámica adictiva en ese proceso.


Todavía se nos enseña que la culpa purifica, que si te sientes culpable eres mejor persona, que la culpabilidad se relaciona con la bondad, cuando en realidad una cosa nada tiene que ver con la otra, sentirnos culpables no debería ser normal.


La culpa inmoviliza, nos mantiene en el pasado, no nos saca adelante en ningún sentido, no resuelve ningún problema y más bien, nos perpetúa en una sensación de dolor, evitando que nos concentremos en el presente.

La culpa se manifiesta cómo una mezcla de vergüenza, molestia, decepción y tristeza.

Sentirnos culpables significa desaprobarnos permanentemente, sentirnos incómodos con quienes somos y con las decisiones que hemos tomado.

La culpa disminuye el autoestima, destruye nuestras ganas de sentir adelante y nos hace sentir poco merecedores.


Para salir de la culpa es necesario cambiar el chip, resetearnos, tomar la decisión de empezar a mirarlo todo desde un ángulo diferente, por que desde la culpa no nos aceptamos a nosotros mismos, desde la culpa nos juzgamos y cuestionamos sin amor; la culpa es una carga emocional -de las más fuertes- pero sólo tú decides cuanto tiempo más la vas a cargar.


La culpa no viene naturalmente con nosotros; la culpa se aprende a través de la familia, la religión, los jefes, la escuela, la pareja, pretendiendo ser perfectos, responsabilizándonos por hechos de los que no tenemos responsabilidad, traspasamos de generación en generación la idea de que sentirnos culpable nos hace mejores seres humanod.


Cuando nos permitimos sentirnos culpables dejamos que la angustia se manifieste, perdemos control y se eleva la ansiedad.

Tendemos a sentirnos poco valiosos, nos volvemos extremadamente autocríticos y surge la frustración por no llegar a los estándares que nosotros y nuestro entorno nos exigen.


Con el sentimiento de culpa surge el temor a cometer errores, nos sentimos fracasados y empezamos a bombardearnos a nosotros mismos con pensamientos negativos.

Nos volvemos dependientes de la aprobación de los demás y al mismo tiempo surge el temor a ser rechazados, lo que nos lleva a tratar de satisfacer a los demás permanentemente, generándose así la dependencia emocional.


Cuando nos sentimos culpables dejamos de responsabilizarnos por nuestra vida, por que tomar responsabilidad significa tener control sobre el presente y la culpa nos mantiene amarrados al pasado.


Pregúntate a tí mismo en qué situaciones te sientes culpable y qué dinámicas interpersonales fomentan que te sientas así, para hacer cambios, primero hay que tomar consciencia y observar; recuerda que nadie puede obligarte a sentirte culpable, nadie más que tú decide cómo te quieres sentir.


Para cortar con la culpa es necesario comprendernos más a nosotros mismos, darnos cuenta que los errores que cometimos, sucedieron en ciertas circunstancias específicas, sintiéndonos y pensando de una manera particular en ese exacto momento.

Seamos menos duros al mirar nuestro pasado, démonos cuenta que a posteriori siempre es más fácil sacar conclusiones, que las decisiones del pasado las tomamos sumidos en la situación.


Acéptate a tí y a la situación tal y como pasó, démonos cuenta que el pasado no se puede cambiar, y que sólo desde la aceptación puedes dar nuevos pasos.

Pidamos disculpas sinceras, perdonémonos a nosotros mismos, dejemos las cargas pesadas para seguir adelante, nadie tiene por que cargar con su pasado como si fuera una mochila de la que no nos podemos despegar, es momento de liberarnos de lo que no nos permite avanzar.






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