• Claudia Leno

Herida de injusticia



Esta es la última de las cinco heridas a trabajar, pero tan importante como todas las anteriores. La herida de injusticia -así cómo las otras cuatro- se genera entre los tres y cinco años de edad, y se da principalmente cuando el progenitor del mismo género es muy recto, radical, intolerante, autoritario, severo, crítico y exigente con el niño, generando en este un bloqueo con sus sentimientos y emociones, como forma inconsciente para protegerse.


Quién sufre la herida de injusticia tiende a sentirse poco apreciado y valorado, tiene la impresión de no recibir lo que se merece, se siente atraído por valores como el honor, el respeto, la nobleza y la honestidad.


La herida de injusticia genera la sensación de estar recibiendo menos de lo que se merece o también más de lo que corresponde, y quien la sufre prefiere valerse por sí mismo, sin pedir ayuda y con un alto nivel de autocontrol, con mucha auto exigencia, percibiendo que lo que hace nunca es suficiente y como consecuencia, llevándolo a la frustración.


Si consideras que sufres la herida de injusticia, seguramente eres un poco controlador y te gusta tener todo en orden, siendo la ira, la emoción que te caracteriza.

Te cuesta dejarte amar y demostrar amor, pero al mismo tiempo eres muy sensible.


Para tí es muy importante saberte bueno, casi perfecto, y tu gran temor es caer en error, lo que te lleva a pensar que lo que haces nunca es suficiente y como consecuencia terminas en frustración, también tiendes a sentirte culpable y a compararte con quien consideras mejor que tú.


Sana tu herida de injusticia dejando de exigirte y criticarte tanto, tu valor está en quien eres, conecta con tus emociones, suelta el perfeccionismo y acepta tus límites.

Deja de ser injusto contigo mismo, y empieza a disfrutar de la vida.