• Claudia Leno

La agresividad desde el coaching



Partamos por decir que ser agresivo no es lo mismo que ser tímido o extrovertido por que no se considera un tipo de personalidad en sí, sino una serie de conductas o comportamientos aprendidos que se manifiestan o exteriorizan de manera inesperada y sin pasar por un proceso de reflexión, no parece haber una correlación directa entre la genética y las conductas agresivas y por ende, es un tipo de respuesta que puede regularse.


Todas las emociones son naturales en el ser humano, tanto las positivas como las negativas, y aprender a escucharlas y -en el caso de las negativas- transformarlas en elementos constructivos, respondiendo de manera reflexiva y no reaccionando ante ellas impulsivamente, como parte de un proceso de maduración y crecimiento consciente.


Hay agresividad que parte de la inseguridad cuando nos sentimos cuestionados, cuando se nos pone en duda; también está la agresividad que nace de nuestra falta de coraje y que aparece justamente cuando nos armamos de valor y simplemente se agolpan las palabras de manera abrupta y descontrolada, llevándonos al otro extremo.

También está la agresividad que surge de estar ante personas y situaciones que nos ponen nerviosos y la que aparece como consecuencia del sentimiento de culpa, como un mecanismo de defensa.


En cualquier caso, es la falta de dominio sobre nuestras emociones lo que genera la reacción agresiva e iracunda, es una salida fácil para quien carece de falta de control.


La ira, la rabia y la agresividad son emociones que aparecen cuando nos sentimos amenazados, que hieren tanto a quien las padece como a quienes son víctimas de ellas, por lo que es muy importante que nos hagamos cargo de ellas, y evitemos así daño y destrucción en las relaciones que más nos importan.

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