• Claudia Leno

La herida de humillación



Continuamos estudiando las 5 heridas de la infancia, todos tenemos un poco de todas, aunque en cada uno hay una o dos predominantes.

Nuestras heridas no siempre están activas, sino que se abren cuando las situaciones que vivimos las detonan.


Nuestras heridas emocionales nos acompañan desde hace mucho y ha llegado la hora de hacernos cargo de ellas, mirarnos dentro para reconocer cuales son las que más nos dañan e impiden que nos desarrollemos sanamente, para poder sanarlas.


Si sientes que permanentemente te están criticando, tiendes a tomarte de manera personal lo que los demás hacen o dicen, si te da la impresión que quienes están a tu alrededor desaprueban tu conducta o tu forma de pensar, que se sienten avergonzados de tí, si sientes que tu autoestima es débil, seguramente sufres de la herida de humillación.


Si cargas con culpas aunque no sean tuyas, si sientes que no tienes suficiente libertad, si te auto castigas para así evitar que el resto lo haga, si sientes que mereces sufrir y que no estás a gusto contigo mismo, que tienes que competir permanentemente, seguramente sufres de la herida de humillación.


Esta herida aparece cuando hemos tenido una crianza muy estricta, cargada de críticas, cuando han sido ventiladas públicamente nuestras debilidades, cuando nos han comparado con los demás, dejando la confianza en nosotros mismos, por el suelo; quienes sufren esta herida son personas que tienden a sentir mucha vergüenza.


Cuando sufres de la herida de humillación, te sientes dependiente y desarrollas una tendencia a ser un poco tirano y egoísta con los demás, como un mecanismo de defensa; muchas veces aprendes a humillar a los demás como escudo protector.

La herida de humillación también se puede ver en las personas que están permanentemente abocadas a satisfacer a los demás, a modificarse así mismos para complacer al resto, y en las personas que se burlan de sí mismas para hacer reír a los demás.


Si tu herida es la de humillación, es momento de que trabajes en tu independencia, en tu libertad, y en la comprensión de tus necesidades y temores.

Para trabajar en la herida de humillación, debemos perdonarnos a nosotros mismos, mirarnos y entendernos con amor.


Comienza a hacerte cargo de tus emociones, de sanar tus heridas, y empieza a ser una persona más libre y satisfecha consigo misma, lejos del temor.

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