• Claudia Leno

La herida de traición



Estamos profundizando en las 5 heridas emocionales, en las publicaciones de semanas anteriores hemos visto la herida de abandono, rechazo y humillación.

Hoy veremos la cuarta herida emocional, la de traición.


Como ya hemos comentado anteriormente, estas heridas se generan en la infancia, normalmente en situaciones con los miembros del núcleo familiar más cercano.

En el caso de la herida de traición, el niño siente que uno de los padres -comúnmente el de sexo opuesto al suyo- le ha mentido, no ha cumplido con una promesa, y como consecuencia, ya no puede creer en él.


La persona que sufre de esta herida, busca tener el control sobre todo lo que le rodea, para así minimizar el riesgo de ser traicionado nuevamente.

Esta herida construye rasgos de la personalidad que giran en torno a ser posesivos, al punto que muchas veces no respetan la libertad ni el espacio ajenos.

Son personas que valoran la fidelidad y la lealtad, pero de una manera distorsionada.


Quienes sufren la herida de la traición sienten gran rechazo por las mentiras, y exigen tanto a los demás que siempre terminan decepcionados.

Esta herida impide confiar, y por eso genera aislamiento, así no nos vemos en la necesidad de depender de nadie.

Las emociones de quienes sufren la herida de traición, se pueden transformar en rencor, al sentir que no han cumplido con lo ofrecido, que les han fallado, y hasta en envidia al ver que otros tienen lo que ellos merecen y esperaban.


Si te sientes identificado con esta herida, es importante que elimines las expectativas y que dejes que las situaciones fluyan sin tu intervención.

Confía un poco más en que lo que llega a tu vida, es para ti, baja la guardia, controla menos y delega más.



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