• Claudia Leno

La inteligencia emocional


En los últimos años ha ido cobrando -y lo seguirá haciendo- más y más relevancia la inteligencia emocional, al punto de llegar a cuestionar la importancia de la inteligencia tradicional, tanto para la vida como para el trabajo.

Veamos aquí un poco más a profundidad algunos aspectos que todos deberíamos tener en cuenta sobre la ahora tan popular inteligencia emocional.


¿A qué se le llama inteligencia emocional? A nuestra capacidad de ver, entender, comunicar y gestionar nuestras emociones, permitiéndonos mantenernos sanos a nivel mental y desenvolvernos adecuadamente a nivel social.


Todos conocemos a alguien que no tiene control sobre sus emociones, que explota en llanto o monta en cólera al primer estímulo externo sin poder dominarse a sí mismo, casi como niños en pleno berrinche; al mismo tiempo, todos conocemos a personas ecuánimes, maduras, serenas, felices, que aún en momentos difíciles saben mantener equilibrio en sus vidas y salir adelante.

La diferencia entre el primer y segundo grupo de personas, es el manejo del mundo emocional personal, el cual -según sea el caso- nos puede llevar por caminos totalmente opuestos.


¿Y que podemos hacer si somos conscientes de que nuestro mundo emocional es cómo un volcán en permanente estado de ebullición, listo para explotar ante el primer estímulo externo? ¿Cómo lidiamos con nosotros mismos cuando queremos mejorar la manera en la que manejamos nuestras emociones cuando estas aparecen, para que no arruinen la situación, para evitar generar destrucción a su paso, para que nuestras relaciones no se vean afectadas negativamente?


Pues les tengo una excelente noticia, la inteligencia emocional se desarrolla, se cultiva, se mejora. Todos podemos madurar emocionalmente sin importar la edad, la tendencia, la herencia o el pasado y el primer paso para hacerlo es la toma de consciencia y la voluntad de generar cambios.

Lo siguiente son el tiempo, la constancia y el esfuerzo, por que los cambios en el manejo de nuestras emociones no se dan de la noche a la mañana y se requiere gran valentía para enfrentarnos a hechos dolorosos de nuestro pasado que nos hacen reaccionar como lo hacemos actualmente ante ciertas situaciones que nos relacionan con ellos.


Es importante darnos cuenta que las cosas que nos suceden o lo que nos dicen las personas a nuestro alrededor no son necesariamente personales o mal intencionadas, y por ende no es necesario que reaccionemos frustrados, indignados o a la defensiva; tratemos de tomar un poquito de distancia en esas ocasiones en las que normalmente nos sentimos atacados, sin reaccionar al primer instante.

Tratemos de ponernos en la posición del otro y veremos que todo es diferente dependiendo del lugar desde el que se mire.


Démonos cuenta que está en nuestras manos cambiar las emociones que surgen en nosotros naturalmente, detectarlas rápidamente, observarlas, ponerlas en línea y modificarlas.

Mantengamos a raya esa emoción negativa que se detona ante circunstancias que consideramos adversas, por que tomar decisiones con la cabeza hecha un revuelo generalmente trae malas consecuencias.


La ansiedad es determinante para el manejo de nuestras emociones, si logramos mantener nuestras ansiedades en niveles bajos, las posibilidades de lidiar con situaciones adversas correctamente, se vuelven mucho más altas, con mejores consecuencias que si permitimos que nuestra ansiedad vuele.


Cultivemos el autoconocimiento, autocontrol y empatía para desarrollar nuestra inteligencia emocional, detecta las emociones que se mueven detrás de tus reacciones.

Solemos desconectarnos de nuestras emociones, es una reacción inconsciente para no sufrir pero que termina por hacernos explotar sin control, mejor tratemos de entender por que nos sentimos de tal o cual manera ante ciertas situaciones, practica el autoconocimiento, profundiza en los detalles de cómo te estás sintiendo, diferencia cómo te sientes ahora de cómo te sentiste ayer o cómo reaccionaste ante otra situación.


Exprésate asertivamente, aprende a comunicarle a los implicados en la situación, cómo te estás sintiendo, sin atacar, sin ofuscarte, sin victimizarte.

Respira, relájate, medita; apaciguar la mente es de gran ayuda cuando las emociones difíciles nos asaltan.

Tente paciencia, date siempre una nueva oportunidad para hacerlo mejor.

La mejora de la gestión de nuestras emociones es un proceso largo pero que rinde sus frutos en la calidad de relaciones que desarrollamos y la satisfacción que sentimos con nosotros mismos; date la oportunidad de crecer, madurar y mejorar tu inteligencia emocional.






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