• Claudia Leno

Las expectativas


Es fácil dejarnos llevar por las expectativas que tenemos -y queremos tener- acerca de todo, nos hacemos pajaritos en la cabeza imaginando experiencias perfectas, con personas que actúan tal y como deseamos, en circunstancias idóneas y con resultados inmejorables... que ilusos.

Aspiramos a eso que añoramos e imaginamos una y otra vez, sólo a eso y nada más, cualquier cosa por debajo de nuestras expectativas es igual a nada, se pudrió todo.


Solemos poner en terceros -objetos, lugares, seres queridos- la responsabilidad de sentirnos seguros y ser felices, claro está, siempre y cuando sea todo exactamente cómo lo esperábamos, cómo lo imaginamos en nuestra cabeza, siempre perfecto, cumpliendo con todas las dichosas expectativas, y si no es así, preparémonos para la frustración.


¿Es que todavía no nos damos cuenta? La expectativa mata la experiencia, cuando lo que esperamos no encaja con la realidad, aparece el sufrimiento.

Y no es que esté mal tener sueños, tener metas, querer ser felices o que las cosas salgan a nuestro gusto, pero no podemos poner en terceros esa responsabilidad; si no depende de nosotros, si no está en nuestras manos, es mejor saber manejar nuestras expectativas.


Mejor será a partir de ahora, dejarse llevar un poco más, sin parametrar con nuestros pensamientos lo que esperamos encontrar, disfrutar del momento, sorprenderse con lo que viene, así es más lindo todo, así se disfruta más, así no hay límites que superar ni expectativas que manejar.


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