• Claudia Leno

Lo que extraño de Lima

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Lima, miraflores, malecon

Hoy he decidido darme un espacio para reflexionar acerca de lo que extraño de Lima, la ciudad donde nací, crecí, estudié, trabajé formé mi familia y crié a mis hijos en sus primeros años. Decidir ya no vivir en Lima no significa que no la quiera o que no la extrañe, así que aquí van las cosas que yo personalmente extraño más de Lima Limón.


Lo primero que se extraña siempre es a los seres queridos, yo particularmente a mi mamá.

Antes de que me acribillen mis demás familiares les digo que a todos los extraño pero bueno pues, mi mamá será siempre mi mamá y a ella la extraño más. Cuando vivía en Lima nos veíamos por lo menos tres o cuatro veces por semana, no era raro encontrarla en mi casa cocinando algo o resolviendo el crucigrama del periódico del día. Todavía me encantaría llegar a mi casa y encontrarla como lo hacía antes, y aunque ha venido a Máncora de visita varias veces, su estadía se queda corta, porque yo quiero que esté por aquí siempre.

Y aunque le he dicho que se venga a vivir acá, todavía no logro convencerla, parece que a ella la idea de mudarse a Máncora no le llama tanto la atención... que le vamos a hacer, sucede hasta en las mejores familias.


Los almuerzos domingueros en casa de mis suegros también se hacen extrañar, se arman conversas muy entretenidas en donde participan desde la bisabuela hasta el más pequeñín de los bisnietos, que dicho sea de paso, ya está grandaso. Además mis hijos aman con todo el corazón a sus primos, así que verlos compartir a todos juntos es siempre un placer.


Evidentemente extraño a mis amigas, algunas de ellas formaban parte de mi rutina. Desde que me mudé a Máncora desarrollé la costumbre de hablar mucho por teléfono con ellas, así nos ponemos al día de nuestras vidas, no es lo mismo pero la verdad que es una actividad a la que le he agarrado el gusto. Eso si, me llega cuando en nuestros chats grupales coordinan para reunirse, y yo, que se que no seré parte de la reunión quisiera salirme de chat de puro picona, y así no tener que leer esas coordinaciones de las que no soy parte. Pero después lo pienso bien y no lo hago por que me quedaría sin el gusto de leerlas y sólo de pensarlo las empiezo a extrañar.

Para mi buena suerte he hecho muy buenas amigas en Máncora, con las cuales comparto el día a día de mi vida mancoreña y las cuales serán mis amigas para siempre sin importar el lugar donde viva.


Nunca pensé que ir a comprar al supermercado podría generar algún tipo de placer en mi, pero resulta que sí, resulta que a veces me provoca pasearme por los corredores de Wong, pararme frente a una góndola y decidir si compraré el pomo rosado o el celeste.

Acá el sistema es diferente, le encargo mi lista de mercado al verdulero, al frutero y a la señora de los abarrotes y al poco rato todas mis compras están listas. Este sistema es rápido y práctico pero no deja nada a la posibilidad de la compra por impulso, lo que es muy conveniente para el presupuesto familiar pero no para la pequeña compradora compulsiva que aún vive dentro de mí y que una vez a las mil y quinientas tiene ganas de disfrutar de la compra de alguna cosilla inservible que luego de entrar en la bolsa de compras no recordaré más.


Sólo para aclarar: aunque extraño los supermercados no extraño los centros comerciales, obviamente si viajo compro, pero en general nunca he sido mucho de ir a cada rato al Jockey Plaza por que para comenzar el perder veinte minutos de mi tiempo tratando de estacionarme me pone de mal humor, y la sensación de estar en estos espacios abarrotados de gente con cantidades inmensas de objetos repetidos en serie me abruma y hastía. Definitivamente esa actividad no la extraño ni necesito casi nada.


A veces extraño la variedad de actividades de entretenimiento que ofrece Lima: cine, teatro, exposiciones, ferias y conciertos. No importa cual sea la elección, la diversión está asegurada tanto para residentes como para visitantes.


Los veranos limeños son hermosos, las puestas de sol que se ven desde los malecones son de quedarse sin aliento y si se acompañan con un heladito, mejor. Así que para no extrañarlos me voy a Lima poco antes de navidad y me quedo hasta que nos saturamos de la dinámica veraniega del sur de Lima para regresar a nuestro mancorita precioso.


Así que, habiendo enumerado estos puntos que extraño de Lima, viene al caso decir que por más panza de burro que esté el cielo, por más frío y húmedo que esté el invierno y por más pesado que esté el tráfico, siempre podemos ponerle ojitos de amor a Lima, reconozcámosle algunas de sus cualidades y disfrutemos de las cosas lindas que nuestra capital tiene por ofrecer ya sea que vivamos allí o que sólo estemos de pasadita.



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