• Claudia Leno

Los tiempos son de Dios

Existen muchas versiones para esta frase, a mí personalmente esta es la que más me gusta y la que suelo usar cuando caigo en cuenta que las cosas suceden cuando tienen que suceder, no antes, no después, no cuando yo quiero, no cuando creo que ya estoy lista, no cuando parece, sólo cuando es el momento adecuado.


Decir que los tiempos son de Dios, es reconocer que existe un plan más allá del que yo he creado para mí, es entrar en cuenta que soy parte de algo más grande, que se mueve por encima de mi voluntad y que involucra muchas variables de las que probablemente no tengo -ni tendré nunca- idea clara de cómo o porqué se mueven a mi alrededor.


Pero más importante aún, implica la fé de saber que lo que sea que venga a mi vida, será lo mejor, considera que existe una fuerza superior que conoce mejor que yo misma, lo que es perfecto para mí.


Manifestar que los tiempos son de Dios es soltar, es entregar cada paso del camino que estoy por recorrer, es aceptar que lo que viene es perfecto, es entrar en cuenta que mientras yo me mueva con las mejores intenciones, con mente clara, corazón abierto y actitud positiva, todo va a estar bien.


Cada cosa en su momento -no en el tuyo- todo llega en su tiempo perfecto, todo se alinea, todo conspira y finalmente todo sucede cuando tiene que suceder y como tiene que ser, ni antes ni después, por que los tiempos son de Dios.

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