• Claudia Leno

Un día de playa en Máncora



Si sólo tuviera un día para disfrutar de lo mejor de la playa de Máncora, trataría de empezar muy temprano -con mucho bloqueador y un buen sombrero- con las actividades que más representan a esta playa.


Primero tendría una clase de surf en el surfpoint, felizmente los profes tienen mucha experiencia y cuentan con los equipos necesarios, así que sólo hay que preocuparse de pasarla bien y en la medida de lo posible aprender a surfear.

Definitivamente terminaría la clase agotada, así que me tumbaría al sol para recuperar las energías gastadas y disfrutar un poco del relajo de estar en la playita.


Luego emprendería una caminata hacia el sur, con destino a Las Pocitas.

En el camino hay que detenerse a observar la pesca artesanal, los botes y la vida que transcurre alrededor del muelle de pescadores, aprovechando de pasadita para un chapuzón.


A mí me gusta caminar y mirar, hacia un lado, el mar y su oleaje -así como deportistas en acción y si es temporada, hasta ballenas- y hacia el otro lado, la arquitectura de casas y hoteles con sus huéspedes disfrutando del relajo que siempre llega con la playa. Ya para ese momento hay que pedir, en cualquier hotel de la zona, un ceviche fresquito y una chelita bien al polo para luego chapotear bien rico en las pozas que dan su nombre a la playa Las Pocitas.


Para cerrar con broche de oro el día de playa, llega el sunset, un espectáculo para ser apreciado. No hay manera de no disfrutarlo, nuestro sunset es el cierre perfecto para un día perfecto que aunque llega a su fin, promete que Máncora seguirá brindándonos su magia por lo menos un día más.







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