• Claudia Leno

Mi domingo en Mancora

Actualizado: 21 de ago de 2018


película de domingo

#domingo #diaenfamilia #domingoenfamilia #peliculaencasa


Mi domingo comienza deteniendo alguna pelea entre mis gemelos, de esas que son más ruido que golpe, pero que despiertan hasta el sueño más profundo. 

Tomamos desayuno sin apuro, el menú es el mismo todos los domingos: huevos, tocino, pan calientito y jugo de naranja. Dependiendo del antojo se puede agregar panqueques o tostadas francesas... el domingo nadie se cuida. 


Considero que siempre he acompañado a mis hijos -me refiero a sus sueños, sus temores, sus dificultades e ilusiones- pero ahora,  a raíz de los cambios del año pasado, yo también les he hecho ver mis sueños, temores, dificultades e ilusiones, y nos comprendemos. Así que desde que vivimos en Máncora, en el desayuno del domingo intercambiamos opiniones sobre variedad de temas trascendentes e intrascendentes, y esto les muestra que yo los respeto como seres humanos, al margen de ser mis hijos y a pesar de lo que les falta para llegar a ser adultos.


Ya con la barriga llena, nos chorreamos -cada uno por su lado- frente a algún aparato electrónico y en compañía de alguna de las mascotas. Tenemos a Tupac, nuestro jack russell de ocho años, un macho alfa con todas sus letras, tres kilos de pura testosterona...al pobre la vida le cambió con la llegada de Allqa, nuestra labrador chocolate que está emocionada de todo, se cree ligerita aunque es enorme. También están Berlín y Roma, nuestros tiernos y acolchonados gatitos que son una belleza. 


El único que no se despanzurra los domingos en la mañana es mi esposo, que se pone a limpiar la piscina, regar el jardín o arreglar cualquier cosa. Hace unos cinco años le ha salido este gusto por las actividades del tipo home improvement, que encuentro de lo más beneficioso y productivo para la casa. Está convencido que en todos los colegios deberían enseñar nociones básicas -y no tan básicas- de gasfitería, electricidad y mecánica. Él ha aprendido lo que sabe a punta de tutoriales de youtube y de mirar al técnico de turno, con la esperanza de no tener que volverlo a contratar, por lo menos para lo mismo. 


Luego llega el almuerzo, y entre una y otra cosa nos dan las cuatro de la tarde, la hora perfecta para la película de los domingos. La cita es en mi cuarto, específicamente en mi cama. Todos los que habitamos esta casa: adultos, niños, perros y gatos somos infaltables asistentes, aunque las mascotas prefieren estar un poco más cómodos y se hacen a un lado.


Finalmente llega la noche y mis hijos van desfilando sin orden específico a la cocina y a la ducha, se preparan un sanguchito y da la hora de dormir, todos nos quedamos felices y contentos por el domingo recién disfrutado. 


Si pudiera guardar en una cajita un momento de mi vida para recordarlo tal y como se siente hoy en día, sería el domingo en la tarde, viendo esa película familiar en mi cama. Guardaría ese momento y así cuando esté viviendo otra etapa de mi vida, en la que mis hijos se hayan ido y mi rutina de domingo haya cambiado, regresaría justo a los domingos en la tarde, para que tener el confort y la sensación calientita que tengo hoy en día, esa de que todo está muy bien justo como está ahora.  





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